viernes, 4 de noviembre de 2016

Chistes de peso

-¿Me das un trozo pequeño de pastel? Pero así, súper chiquitito, que estoy a dieta.
-¿Así? ¿como los otros siete?. 
-Sí, gracias.

miércoles, 27 de enero de 2016

Limpiando nieve...

Chuck Norris y Jean-Claude Van Damme limpiando nieve
 
 

El hombre y su deseo mortal...

Había una vez un hombre que se encontró una lámpara mágica, entonces la frotó y salió un genio.
El genio dijo al hombre:
- Por haberme librado de mi encierro, te voy a conceder dos deseos.
Y el hombre le contestó:
- Quiero, estar rodeado de muchas mujeres bonitas, al ver cumplido su deseo dice asombrado: 

- ¡Me quiero morir!
Y el genio dice:
- Concedido!!!! 


martes, 26 de enero de 2016

El tripulante quejumbroso

Durante un vuelo la azafata se acerca a ver que le ocurre a un hombre que protesta amargamente.
¡Estoy harto de esta aerolínea! refunfuña, ¡siempre me toca el mismo asiento! no puedo ver la película y, como las ventanillas no tienen persianas tampoco puedo dormir.
A lo que la azafata responde:
Deje de quejarse y aterrice de una vez, comandante.


lunes, 4 de enero de 2016

El funeral del perezoso



En un pueblo, en el que abundaba el trabajo y la comida, un perezoso estaba a punto de morir de hambre.

Se reunieron el alcalde, el párroco, el consejo municipal y el defensor del pueblo, y por unanimidad acordaron enterrar vivo al perezoso; porque para el pueblo sería un desprestigio que alguien muriera de hambre.

Cogieron cuatro tablas, armaron un cajón, metieron al moribundo, y salieron con él rumbo al cementerio.

Una señora preguntó:
- “¿Quién murió?”.
- “Nadie” –le respondieron;
-  “¿y entonces a quien llevan ahí?” –insistió.
- “Al perezoso que lo vamos a enterrar vivo antes de que muera de hambre” –le explicaron.
- “No, no, no hagan eso –exclamó la señora–, yo con mucho gusto regalo un kilo de azúcar”, Otra señora regaló 10 gallinas; un señor, puso una carga de arroz, más un bulto de papas; un hacendado donó un barril de leche, 50 arrobas de queso, una carga de plátanos y otra de yucas. Todos, todos, todos los paisanos donaban, donaban y donaban comida por montones.
Cuando iban llegando al cementerio desistieron del entierro porque el moribundo ya tenía comida suficiente para 100 años.

El perezoso sacó la cabeza, y preguntó:
- “¿Quién va a cocinar todo eso?”.
-  “Pues, usted” –le contestaron. 

Y el hombre exclamó:   “Entonces… ¡que siga el entierro!”.